México atraviesa una coyuntura crítica en materia de vivienda. El incremento sostenido en el precio de las viviendas nuevas, sumado a la escasez de iniciativas efectivas para consolidar un amplio mercado de clase media, ha puesto en evidencia los límites de un modelo que depende casi exclusivamente de la obra nueva para atender la demanda habitacional. En este escenario, la rehabilitación del parque habitacional existente, realizada con criterios técnicos, sociales y energéticos, se presenta no solo como una alternativa viable, sino como una oportunidad estratégica indiscutible tanto para la venta como para el alquiler.

La modernización de casas y edificios existentes se consolida, así como un eje fundamental para mejorar la sostenibilidad del sector de la construcción.
Gran parte del parque habitacional mexicano fue edificado sin criterios de eficiencia energética, confort térmico o adaptación climática. Pretender resolver el déficit habitacional únicamente mediante nueva construcción no solo resulta inviable desde el punto de vista económico, sino también insostenible en términos ambientales y urbanos. Rehabilitar es, hoy más que nunca, una decisión inteligente. Sin embargo, para que el mercado de la rehabilitación con criterios eficientes de habitabilidad despegue de manera decidida, es imprescindible un marco de incentivos claro y efectivo.
Las ayudas procedentes de fondos públicos, así como los beneficios fiscales gubernamentales, serán determinantes para acelerar esta transición hacia un modelo constructivo más eficiente, resiliente y alineado con los compromisos de sostenibilidad del país. La experiencia internacional demuestra que, cuando los programas de apoyo están bien diseñados y se centran en resultados medibles, la rehabilitación se convierte en un motor económico, generador de empleo y mejora directa de la calidad de vida.
En este contexto, el sector de la ventana tiene ante sí un reto y una responsabilidad ineludibles: luchar por su reconocimiento como un factor clave y cuantificable del ahorro energético. Las ventanas no son un elemento accesorio del edificio; son una de las principales interfaces entre el interior y el exterior, responsables directas de las pérdidas y ganancias térmicas, del confort acústico, de la iluminación natural y, en última instancia, del consumo energético de las viviendas.
No es posible hablar de eficiencia energética real sin incorporar soluciones en ventanas y acristalamiento de altas prestaciones. Sustituir ventanas obsoletas por sistemas eficientes puede generar ahorros energéticos inmediatos, verificables y sostenidos en el tiempo, reduciendo la demanda de climatización y, por ende, las emisiones asociadas. Para ello, el sector debe impulsar estándares claros, sistemas de certificación, medición y verificación del ahorro, y una interlocución sólida con las administraciones públicas.
Reconocer a la ventana como elemento elegible dentro de programas de ayudas y beneficios fiscales no es un privilegio sectorial, sino una decisión técnica y económica sensata. Cada peso invertido en rehabilitación eficiente retorna en forma de menor gasto energético, mayor valor del inmueble, mejor salud de los ocupantes y reducción del impacto ambiental. La clave está en pasar del discurso a la evidencia, de la intención a la medición.
México tiene la oportunidad de transformar su parque habitacional sin esperar décadas a que la obra nueva alcance a la demanda. La rehabilitación con criterio, apoyada por políticas públicas inteligentes y por un sector de la ventana fuerte, profesional y proactivo, puede ser una de las palancas más efectivas para construir ciudades más accesibles, eficientes y habitables. El futuro de la vivienda no solo se construye: también se renueva.









